44

Hace unos días recordaba por qué y cómo inicié mi blog hace un montón de años. No es éste, el primero decidí borrarlo. En ese entonces escribía diario, a veces hasta dos veces al día.
Ahora no tengo el tiempo, y más que nada, no tengo el interés… si lo tuviera, seguro encontraría el tiempo. Sin embargo, hay ocasiones en que sí me gusta escribir y uno de esos momentos es cuando cumplo años.

Escribí una reflexión rápida en Instagram y hasta hoy puedo sentarme a profundizar un poquito más.

Las redes sociales nos recuerdan y nos permiten felicitar y ser felicitados el día de nuestros cumpleaños. Recibí muchos buenos deseos y hermosas palabras. Y me quedo con algunas frases: “… que sigan las alegrías y los aprendizajes.”, “… sigue usando todos los talentos que Dios te ha dado…”, “Un año más que Dios te da para que sigas creciendo en Él…”, “Dios siga llevando tus pasos directo a su perfecta voluntad”, “…un año más de vida que Dios te concede para seguirle sirviendo y ser la persona, la mujer, la esposa y la madre que Él quiere que seas.”, “… que la vida de Cristo crezca en ti y que Su carácter siga siendo conformado en ti.”44

Estos deseos me gustan porque son genuinos, porque a través de ellos veo la realidad de la vida: aprendizaje, crecimiento, servicio, ser conformada al carácter de Cristo y no amoldada a este mundo… y todo eso requiere esfuerzo, sí, pero más que nada requiere gracia divina y fe. Requiere también pasar por diversas pruebas que no tienen nada que ver con aquello de que Dios conceda todos los deseos de tu corazón (gracias a Dios que no ha concedido todos los deseos de mi corazón, porque mi corazón es engañoso y perverso) y porque -como dice Aixa de López: “empecé a conocer quién es Él a través de las peticiones que no me concedía tanto como de las que sí […] Este camino por el que me lleva me está dejando claro que todo es por Él y para Él, y que no puedo poner mi esperanza en lo que, de cualquier modo, voy a perder; aun si es lindo y bueno…”-

Y eso he aprendido en los último años: las dificultades son parte del plan de Dios, el dolor y las lágrimas son parte de Su soberanía y la incertidumbre también es parte de Su providencia. Mi ciudadanía no está aquí en la Tierra, donde todo es efímero y temporal; lo verdaderamente valioso, aquello que no puede perecer, echarse a perder o marchitarse, está del otro lado de la eternidad, donde Cristo está preparando un hogar para mí. Jamás podré tener plenitud en este mundo, y aun así, Dios es tan bueno, que derrama bendiciones innumerables en mi vida, en mi persona, en mi familia y me permite decir que soy indescriptiblemente feliz.

Cada año que vivo de este lado de la eternidad, es uno menos para estar para siempre con Él. Y de este lado quiero vivir plenamente, abundantemente, felizmente, confiando en Sus promesas, segura de que Él terminará la obra que comenzó; quiero -cada día- vivir mirando a Jesús.

Advertisements
Posted in El hogar que está en mi corazón | Leave a comment

Yo y la copita menstrual

Poco a poco he ido tomando acciones para cuidar el medio ambiente, sin irme a los extremos y decidiendo a qué  puedo dedicarle tiempo y a qué no, de qué puedo prescindir y de qué no. Hay una frase rondando por ahí que es muy cierta: no necesitamos a una persona viviendo sustentablemente de manera perfecta (aunque hay muchas), sino millones de persona haciéndolo imperfectamente: las pequeñas acciones cuentan.copita2

Y resulta que cuando empiezas a transitar este camino de conciencia ambiental,  llega un momento en que inevitablemente te topas con la copa menstrual.

En mi vida había escuchado acerca de ese artefacto, aunque tiene mucho tiempo de existir. Lo conocí por mi hija, que ya me llevaba la delantera en información acerca de ella, así que le pregunté a mi ginecóloga, quien me dijo que era una maravilla, no solamente para el medio ambiente, sino para mi cuerpo y mi salud.

Tardé un año en finalmente decidirme a adquirirla, mientras tanto leí un montón al respecto y vi un montón más de videos. Con esta entrada no pretendo explicar detalladamente qué es, cómo se usa, etc., etc.; en YouTube pueden encontrar muchísima información al respecto. Pero sí quiero compartir un poquito de mi experiencia, porque después de ver a un montón de chavas e influencers, diciendo que es una maravilla, me sentí muy frustrada cuando para mí no resultó  así.

Tengo seis periodos usándola y puedo decir que hasta ahora he podido entender completamente su uso y cómo mi cuerpo se ha acomodado a ella. Así que es muy importante darte tiempo. Yo creía que estaba bien informada y que conocía bien mi cuerpo, pero al usar la copa menstrual he descubierto que nos hace falta más información y más educación; y eso tiene que suceder dentro de la familia, sin tabúes. Y si es necesario leer, investigar y entender realmente cómo son nuestros cuerpos y todo lo que sucede en ellos durante el periodo menstrual (que no se limita a los días de sangrado y que realmente es un ciclo perfecto).

Muchas chicas no tienen idea de porqué les baja (les recomiendo el documental Period). Viendo videos de preguntas y respuestas acerca de la copa menstrual, me sorprendió ver cuántas mujeres no saben que una cosa es el aparato urinario y otro el reproductor… hay muchas dudas, muchos huecos, muchos silencios, muchas vergüenzas… y a veces los padres somos los primeros que nos friqueamos cuando nuestros hijos nos preguntan. Tenemos que cambiar eso y ofrecer (y recibir) información certera, veraz, fidedigna, abierta y transmitirla con amor, encontrando un balance entre el pudor y el poder hablar con naturalidad de las funciones de nuestro cuerpo. Es importante que aprendamos juntos.

En fin, que tengo seis periodos usándola y hasta ahora puedo decir que ya sé bien cómo colocarla, ya puedo sentir si está bien puesta o no, y aunque para algunas mujeres desde el principio fue maravillosa, para mí no fue así. Dicen que si está bien puesta no tiene porqué fugarse, pero investigando más y platicando con otras mujeres que también la usan, sí puede fugarse, sobre todo cuando el flujo es muy abundante. Entonces he aprendido que hay días que tengo que combinar su uso con el de protectores o toallas, y después, cuando el flujo disminuye, ya no se fuga. (Por cierto, estoy contenta porque en la semana que comienza me van a llegar mis toallas y protectores reusables).

Y sí, a estas alturas puedo decir que no volvería a usar toallas ni tampones. Una vez que le agarras la onda, es muy cómoda y sí es cierto que hasta se te olvida que estás en tu periodo, pero requiere un buen tiempo de adaptación.

Si nunca habías oído hablar de la copa menstrual, te platico a grandes rasgos acerca de ella.

Como su nombre lo dice, es una copa hecha de silicón quirúrgico flexible que introduces en tu vagina durante los días de sangrado. Este pequeño recipiente hace un vacío parcial contra las paredes de tu vagina y recoge el flujo. Cada determinado tiempo (yo al principio tengo que hacerlo cada tres o cuatro horas), sacas la copa, vacías su contenido, la enjuagas y la vuelves a introducir. Conforme el flujo va disminuyendo, los cambios son más espaciados: hasta 12 horas.

Se esteriliza (en un vasito especial dentro del microondas) al iniciar y al finalizar tu periodo, durante el mismo, sólo la enjuagas con agua corriente cada vez que la cambias.

Una sola copa puede durar hasta diez años… ¡imagínate todas las toallas y tampones que dejas de usar, todo el dinero que ahorras y toda la basura que no desechas!

Cuestan entre $600 y $800. Casi todas las marcas tienen dos tallas: grande (para mujeres mayores de 30 o que ya tuvieron partos) y chica (para mujeres menores de 30 o que no han tenido partos).

Es menos larga que un tampón y se introduce a mucho menor profundidad.

Si necesitas cambiarla en un baño público, puedes llevar una botellita con agua para poder enjuagarla dentro del cubículo.

Casi cualquier mujer puede usarla, pero es importante consultarlo con tu médico antes de decidir hacerlo.

Y bueno, a súper grandes rasgos, eso y así es la copa menstrual desde mi punto de vista. Como decía al principio, cuando decides por un estilo de vida más consciente y sustentable, en algún momento te topas con la copa menstrual. Y si de plano no es lo tuyo, hay toallas reusables, y si tampoco es lo tuyo, pues decide por otras acciones que generen menos basura, menos plástico y menos desperdicio, lo importante es irse haciendo consciente, respetar y saber que lo que no haces no demerita ni nulifica lo que sí haces.

 

 

 

Posted in El hogar que está en mi corazón | Leave a comment

Sustentabilidad: Dícese de la capacidad de satisfacer necesidades de la generación humana actual sin que esto suponga la anulación de que las generaciones futuras también puedas satisfacer las necesidades propias.

lina-trochez-377674-unsplash¡Uy! Hace mucho no me pasaba por aquí, pero hoy tengo ganas de escribir y de platicar un poco de un tema del que últimamente estoy más consciente y atenta. La verdad es que no sé ni cómo empezó, pero sí sé que de un par de meses para acá me ha interesado más porque se ha convertido en un problema que me ha afectado directamente.

Como la administración que gobierna mi municipio ya va de salida, se ha desentendido de muchas obligaciones que le corresponde seguir cumpliendo, pero parece que en el palacio de gobierno no piensan así… en fin, que desde hace varias semanas el camión de la basura pasa entre “de vez en cuando” a “nunca”, parece que no les dan dinero para combustible o para pagar al tiradero donde van a depositar la basura; la causa es lo de menos, lo que es de más es que la basura que tiramos se está convirtiendo ya en un problema, en un problema serio que nos incumbe a todos.

Quizá como sociedad, como humanidad, nos estamos dando cuenta de que lo que veníamos haciendo desde hace décadas, quizá no sea tan conveniente y tan útil como lo pensamos en un inicio. Eso de que todo sea desechable o instantáneo, en su momento fue innovador, pero ahora estamos viviendo las consecuencias de nuestra irresponsabilidad ambiental y nos estamos dando cuenta de que tenemos que volver a costumbres que resultan más saludables y sustentables.

No sé si estemos a tiempo de revertir el daño, de hecho, sé que este mundo no va a mejorar; sin embargo, sí sé que Dios nos ha hecho administradores de Su creación y, llegado el momento, yo quiero dar buenas cuentas y decir que fui fiel y responsable con lo que se puso en mis manos. Tampoco quiero ser extremista, ni enarbolar causas, simplemente quiero ser más consciente y más cuidadosa de mí misma, de mi familia y de mi entorno: espiritual y emocionalmente, pero también en la esfera física y ambiental.laura-mitulla-1075856-unsplash

Vuelvo a la basura. Una mañana salí a caminar, como lo hago casi todas las mañanas, pero aburrida de siempre hacer el mismo recorrido en la pista, decidí caminar entre las calles de mi fraccionamiento (residencial, dice en mi recibo de luz). El camión no había pasado en varios días y me espanté de cómo tiramos la basura, y cómo al considerarla basura, nos vale gorro en qué condiciones nos deshacemos de ella… sí, entiendo que son desperdicios, pero la verdad era una vergüenza ver las bolsas escurriendo, lo orgánico mezclado con lo inorgánico y en cada casa bolsas y bolsas y más bolsas.

Y entonces me di cuenta que  el proceso de desechar nuestros desperdicios no comienza cuando algo ya no sirve y lo echamos al bote, sino desde el momento en que hacemos nuestras compras. Hay tanto, tanto que pensar cuando estamos en el súper o en el centro comercial. ¿Realmente necesito esto? ¿Tengo dónde almacenarlo? ¿Necesito tanto? ¿Este empaque es necesario, es reciclable, puedo usarlo de otra manera? ¿Necesito una bolsa de plástico para guardar un aguacate?

La verdad es que estoy muy orgullosa, pues mientras nuestros vecinos sacan entre cinco y siete bolsas de basura a la semana, nosotros sacamos una o dos. ¿Cómo lo hacemos? He tratado de sacarme la idea del supermercado de la cabeza y he tratado de regresar a la cultura de nuestras abuelitas: optar por el mercado, o los locales más pequeñitos, por la bolsa del mandado, por el trapo de las tortillas.

Productos como frijoles, lentejas, arroz, harina, azúcar, nueces, etc. los compramos a granel y llevamos nuestros propios recipientes para guardarlos ahí. Lo mismo hago en la carnicería o en la cremería o en la frutería. Llevo mis propias bolsas de tela y las pocas de plástico que llegan a mis manos, las reuso. Cargo con dos bolsas en mi bolsa de mano y he aprendido a decir “sin bolsa, gracias, aquí traigo una”. Los frascos que llegan a mis manos los lavo y les doy otro uso.

Intento comprimir los desechos lo más que puedo y los envases que sí voy a tirar los enjuago y seco antes de ponerlos en el bote. Ya no compramos desechables y procuramos llevar nuestras propias botellas para rellenar, nuestros popotes de alumnio o bambú, etc.

Tengo dos ventajas muy grandes: una es que cuento con un trirurador de desperdicios orgánicos, así que casi no tiro a la basura cáscaras, o residuos que quedan en los platos, o cascarones, etc. Y la otra es que el Colegio donde trabajo ha implementado un día al mes en el que podemos llevar botellas de plástico, aluminio, latas, cartón, periódico, archivo blanco que después se venden en lugares de reciclaje (las ganancias se usan para las despensas de la colecta navideña.)

Se trata de cambiar nuestra mentalidad y en consecuencia cambiar nuestros hábitos y nuestras acciones.

En medida de lo posible hemos intentado reducir nuestro consumo de productos animales, pues sabemos que toda esta industria genera más contaminantes y favorece el calentamiento global (además de que es más saludable para nosotros). Y lo que al principio hicimos por reducir gastos, ha redundado también en el cuidado del medio ambiente: reducir nuestro consumo de gas (aprovechando cuando prendo el horno para hornear varias cosas, usar más agua fría que caliente) y energía (desconectando los aparatos que no estamos usando, apagando las luces cuando no estamos en una habitación).simple

Estos días de megacorte de agua (que por cierto, en mi casa no ha faltado), nos ha enseñado a darnos cuenta de que sí podemos cuidarla y de que debemos cuidarla: baños más cortos, poner una cubeta en la regadera y usar el agua recolectada en el tanque del inodoro… pequeñas acciones que ayudan a nuestro planeta,mucho o poco no lo sé, pero mientras pueda hacerlo y pueda invitar a otros a hacerlo, no dejaré de hacerlo.

¿Requiere más trabajo? Sí ¿Requiere más tiempo? También. Pero todo lo que vale la pena, siempre requerirá esfuerzo, requerirá constancia y requerirá una inversión. Podemos vivir una vida más simple, más sencilla, con menos cosas, menos materialista, más consciente; si se me permite el término: más primitiva, más básica, más ligera; siendo responsables de lo que se nos ha encomendado y disfrutando más de lo que no es material, ni permanecerá.

Posted in El hogar que está en mi corazón | Leave a comment

Me persigue

“Ciertamente el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida…” Salmos 23:6

Tu amor me persigue aun cuando el panorama parece horrible y adverso.

Tu amor me persigue llenando todos los huecos de mi corazón, cambiando la tristeza en gozo.

Tu amor me persigue llenando de luz aquellos rincones que permanecían en oscuridad.

Tu amor me persigue perdonándome y llevándose toda culpabilidad que yo conservaba apilada por ahí.

Tu amor me persigue enjugando mis lágrimas, sanando mis heridas y aliviando mi dolor.

Tu amor me persigue no para que lo acapare y me lo quede, sino para que se derrame hacia otros, abrazándolos e inundándolos como lo ha hecho conmigo.

Tu amor me persigue y no puedo ni quiero evitarlo.

Tu amor me persigue y me permite disfrutar cada día de tu misericordia que me refresca y de tu gracia que me renueva.

Tu amor me persigue dejándome ver cualquier circunstancia, alegre o adversa, desde tu mirada.

Tu amor me persigue, me abraza, me rodea, me inunda, me lava, levanta mi rostro y me hace ser consciente de tu presencia y de tu gloria, de mi pequeñez, de mi dependencia y necesidad de ti.

Tu amor me persigue, me da alcance, tiernamente me derriba, dulcemente me atrapa y no puedo huir más, ni pelear más, ni buscar en otro lado. Tus brazos me rodean, tus alas me cubren y yo no tengo más opción que rendirme a ti, depender de ti y anhelar  corresponder con mi roto e imperfecto amor, que Tú recibes y atesoras.

Tu amor me persigue y me permite sentarme al borde de tu manto y recostar mi cabeza en tu regazo mientras escucho tus palabras.

Tu amor me persigue y no hay nada que yo pueda hacer más que dejar que me atrape y finalmente descansar.

Posted in El hogar que está en mi corazón | 2 Comments

Al Cien

Ahora que he estado convaleciendo, muchas personas me han expresado sus deseos de una pronta recuperación y me ha llamado la atención que muchos de esos deseos incluyen la expresión “para que pronto estés al 100”.

No me malentiendan, no estoy cuestionando, despreciando o criticando sus buenos deseos, al contrario, los aprecio, valoro y agradezco infinitamente, me animan y me hacen ver cuánto Dios me ha bendecido con personas tan lindas que piensan en mí y que desean mi bienestar.

Pero sí me he puesto a pensar en la expresión en sí misma, en eso de estar al 100… al 100 por ciento…

Me imagino a mí misma como el ícono de la batería de mi celular, que poco a poco se va llenando hasta que alcance otra vez el cien por ciento… Se oye bien, yo misma he dicho que día a día vuelvo a ser yo, refiriéndome a que voy retomando fuerzas, rutina y actividades.

Estar al 100 me hace pensar en perfección: “que pronto estés perfecta, completa, llena, plena, apta, independiente”; y entonces pienso dos cosas. Uno: a los 42 años la perfección de mi cuerpo es bastante irreal y dos: no quiero estar al 100.

Cuando me siento al 100 es bien fácil para mí creerme auto suficiente y que todo lo bueno que sucede a mi alrededor es debido a mi eficiencia, a estar todo el día de arriba para abajo, realizando tareas y completando pendientes. Ir al súper, lavar los trastes, recoger tal cosa, pagar tal otra… todo eso cabe magníficamente dentro de la lista de pendientes y hasta es satisfactorio tacharlos cuando ya los realicé.

Pero cuando esa condición de estar al 100 me absorbe, corro el peligro de poner en esa misma lista los aspectos de mi vida que debo anhelar y disfrutar sin prisas y sin ruido: orar todas las mañanas, leer la Biblia, platicar con mi esposo y con mis hijos, tomarme un té con una amiga… esas no son tareas ni pendientes, son los momentos que construyen y edifican mi vida, los que son verdaderamente importantes y especiales, y cuando estoy al 100 paso por esos momentos sólo por encimita, para cumplirlos y saltar inmediatamente a lo que sigue, porque hay que ser eficiente y competente.

No es la primera vez que Dios me pone un alto mandándome a la cama, mostrándome la fragilidad y vulnerabilidad de mi vida y mi total dependencia de Él.

En estos últimos días no he estado al 100, y sin embargo, de una u otra forma, todo lo que tenía que ser hecho ha sido hecho: surtir la despensa, lavar la ropa, alimentar a mi familia, las publicaciones de Facebook del colegio: todo ha sido hecho, nada ha faltado. ¿Por qué? Porque no depende de mí, gracias a Dios no depende de mí. Soy parte de una familia, soy parte del Cuerpo de Cristo, soy parte de un equipo de trabajo. ¡Qué soberbia al pensar que todo eso se paralizaría sin mí! Al contrario, todo eso se movió a mi favor cuando más lo necesité.

No quiero estar al 100, no quiero volver a entrar a esa vorágine de eficiencia y suficiencia, a ese torbellino de actividades y pendientes. Estoy en una etapa de mi vida en que puedo vivir un poquito más despacio y en estos días me he dado cuenta de que realmente puede ser así.

Llenar menos mi agenda, saturar menos mis días, soltar y dejar de aferrarme a aquello que no necesito, sentarme y escuchar poniendo toda mi atención. Leer más, escribir más, dibujar más y también dar más, darme más. Pedir ayuda y permitir que me ayuden. Estar totalmente presente y dedicar más tiempo a aquello que es verdaderamente valioso.

Sí, levantarme más temprano y antes de que todos despierten no porque tengo que, sino porque anhelo estar con mi Padre, acercarme confiadamente al trono de la gracia y estar tan cerquita de Dios que pueda escuchar el latir de Su corazón entre las líneas de Su Palabra.

Dejar todo de lado y escuchar a mi esposo con mi alma abierta, siempre dispuesta a amarlo, a apoyarlo… que él sepa que siempre estoy ahí para él.

Que aunque la rutina ha cambiado y los horarios también, mis hijos sepan que en casa siempre hay comida rica y caliente, pero sobre todo una madre que los escucha, que ora con ellos y por ellos, que disfruta riendo con ellos e incluso llorando con ellos.

Disfrutar de conversar con una amiga sin estar viendo el reloj, o peor aún, el celular.

No quiero estar al 100. Quiero estar tan saludable como este cuerpo imperfecto y corruptible me lo permita.

No quiero estar al 100. Quiero estar en paz con Dios y disfrutando Su paz, alimentando mi existencia con Su palabra, creciendo en Él, glorificándole con mi vida entera, apartando mis ojos de las circunstancias temporales y poniéndolos en lo eterno.

No quiero estar al 100. Quiero disfrutar de lo más valioso de esta historia que Dios ha escrito para mí, viviéndola sin prisas, sin pensar en cumplir con esto o con lo otro porque finalmente todo es de Él, por Él y para Él. Quiero disfrutar a los que amo y agradecer que he sido abundante, infinita y maravillosamente bendecida por un Dios bueno, misericordioso y fiel.

Posted in El hogar que está en mi corazón | 2 Comments

Dios es Dios y yo no

Vivieron solos durante seis días. Se despertaban en las mañanas, se alistaban, desayunaban y preparaban su lunch. Regresaban de la escuela, hacían sus tareas, hacían una visita al hospital y regresaban a casa. Regaron las plantas, lavaron los trastes, llenaron el lavavajillas y mantuvieron la casa limpia… y yo me di cuenta de que no soy indispensable.

Mi ginecóloga dice que si yo no me enfermera, sería perfecta, obviamente no lo soy, me enferme o no. Mi pastor dice “Dios es Dios y yo no”, y puede resultarnos muy obvio, sin embargo, todos –de una u otra manera- jugamos a ser Dios y en ciertas áreas de nuestras vidas, pensamos que podemos suplantarlo y hacerlo mejor que Él.

El año pasado fue difícil en muchos aspectos, esperaba que terminara para ahora sí empezar el 2018 con todo. Tenía mis planes, mi agenda, mi lista de pendientes, hasta me adelanté a ciertos eventos y estaba dispuesta a sacar algo mucho mejor de este nuevo año. Pero las circunstancias fueron otras y terminé en un quirófano, y luego internada por seis días.

A lo largo de mi vida he aprendido que Dios obra en medio de las circunstancias difíciles, es en medio de ellas donde se ve si realmente estamos dependiendo y confiando en Él, si Su Palabra es nuestro fundamento firme del cual estamos aferrados a pesar de que suba la marea, arrecien los vientos y azoten las tormentas. La Biblia muchas veces nos habla de la aflicción, de la adversidad, del valle de sombra y de muerte, dice que estaremos abatidos y desesperados… pero también dice que en medio de todo eso, Dios está con nosotros, pues Él mismo siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, hecho semejante a los hombres, y estando en condición de hombre, se humilló a sí mismo haciéndose obediente hasta la muerte y muerte de cruz. Si Jesús pasó por todo eso ¿quién soy yo para tener una vida fácil, sin problemas, sin enfermedades, sin situaciones que me cambien los planes, los paradigmas y los esquemas?

Sí me enfermé, sí se complicó, sí pasé días de dolor, incertidumbre y ansiedad, pero Dios estuvo conmigo a cada momento. Su gracia preservó mi vida, fui depositaria de Sus milagros de sanidad porque Él así lo quiso y ante diagnósticos graves y negativos, Él demostró Su misericordia y poder. Pero así como esos “asombrosos” milagros, milagro es también que Él estuvo acompañándome, recordándome Su Palabra y además –en Su infinita gracia- enseñándome unas buenas lecciones.

Que no soy indispensable, pues mis hijos, bajo las alas de su Padre Celestial, hicieron todo lo que les correspondía hacer. Mi esposo estuvo conmigo en todo momento y sólo venía a casa por las mañanas para acompañarlos a esperar el autobús que los lleva a la Prepa, pero cuando él llegaba ellos ya estaban listos. Cumplieron responsablemente con lo que tenían que hacer y dieron un poquito más yendo todos los días a visitarme y siendo muy valientes: ¡los admiramos y estamos bien orgullosos de ellos! ¡Y no me necesitan!

Y es que uno de los aspectos en los que más me gusta jugar a ser Dios es la maternidad. Me encanta que me digan que soy buena mamá y me encanta creer que es porque soy muy autosuficiente para serlo, cuando sólo por la gracia de Dios es que puedo guiar a estos chavos, cuidarlos, levantarme todos los días para acompañarlos a desayunar y darles un beso antes de que se vayan… no es en mis fuerzas, es en las de Dios, porque son Sus hijos antes que míos y porque Él puede cuidarlos mucho, mucho pero mucho mejor de lo que yo lo hago. A estas alturas de mi vida y de las suyas, ha sido un alivio saber que no me necesitan y que saben dar, ayudar y ver por otros. Sí, todo eso lo aprendí ahí en la cama del hospital, tranquila y en paz porque sabía que mis hijos estaban bien.

1f2e9f9eb2f897cd100fea566bc1a0c0Aprendí que de pronto, aunque quieras, no puedes ser eficiente, pues tal cual te prohíben bajarte de la cama. Creo que una de las personas más vulnerable, frágil e incapaz es la que está internada en un hospital. Ahí me di cuenta de que no mandaba, ni opinaba, de que sólo me correspondía obedecer, pues estaba comprometida mi salud… pasaron por alto mi pudor, me ocasionaron dolor, pincharon mis venas y hasta mis arterias dejándome varios moretones en los brazos, interrumpieron mi  sueño una y otra vez, me sacaron de la cama en la madrugada y me llevaron a un cuarto con aire acondicionado para evitar que se calentara la máquina que usaron para hacerme un estudio, aunque yo estuviera tiritando… Y entonces no se trató de ser una buenaza en lo que hago, de ser eficiente, de ser súper responsable en mi trabajo, de ser incansable, de tachar todos los pendientes de la lista… se trató de ser humilde, de ser agradecida por tener acceso a un hospital donde me atendieran y me ayudaran a mejorar, de reconocer la fragilidad y la vulnerabilidad de mi cuerpo, de estar quieta, de reconocer que todo cambia de un segundo a otro y de que eso no está en mis manos, ni bajo mi control. Nada sucede sin que Dios así lo quiera, mi vida y todo lo que la rodea está bajo Su soberanía y providencia y me corresponde aceptarla y acercarme más a Él, para que mi corazón lata al ritmo del suyo y cada día pueda depender más y más de Él, descansando en Su propósito de amor para mí.

Aprendí que esta vida no es un camino que se ande solo. Por más competente que yo sea (o me crea), siempre necesitaré a otros. ¿Qué hubiera sido de mí si mi esposo no hubiera estado conmigo todos esos días? No hubiera tenido quien manejara toda una avenida en sentido contrario para llegar más rápido al hospital cuando yo respiraba con dificultad, no hubiera tenido quien me apapachara, ni me llevara al baño, ni platicara conmigo, ni discutiera conmigo poniéndome en mi lugar, ni orara conmigo, ni echara porras junto conmigo cuando el médico salía de la habitación y cerraba la puerta después de darnos buenas noticias, ni esperara conmigo ocho horas por la autorización de la aseguradora. ¿Qué hubiera sido de mí si mi cuñado no hubiera acompañado y ayudado a mis hijos en ciertas cosas y le hubiera entrado al quite en el trabajo con las cosas que generalmente hace mi esposo y si mi concuña no lo hubiera apoyado en ello. Si no me hubiera explicado ciertas cosas que sucedieron en mi cuerpo durante la cirugía y sus repercuciones? ¿Qué hubiera sido de mí si los Forsythe no hubieran cocinado para nuestros hijos, si no los hubieran recibido unas horas en su casa, si no los hubieran acompañado al camión la mañana que mi esposo no pudo venir a hacerlo? ¿Qué hubiera sido de mí sin la visita de Fabi, de Gemma y de Paty? ¿Qué hubiera sido de mí sin tanta gente orando por mi salud y mi recuperación? ¿Qué hubiera sido de mí sin los mensajes de amor y ánimo de mi Adris, de Gemma y de mis Chicas del Café? ¿Qué hubiera sido de mí sin la llamada de los Members? ¿Qué hubiera sido de mí sin el paramédico que manejó la ambulancia, sin la paramédico revisando mi saturación de oxígeno, sin los médicos, las enfermeras, los de terapia respiratoria, el radiólogo…?

¡Nada, no hubiera pasado nada porque simplemente eso no existe, no puede ser. Una vida en solitario, es una vida sin Dios! Nuestra cercanía con Dios se refleja en nuestra cercanía con los demás, en cómo nos relacionamos con ellos, en cómo estamos dispuestos a ayudar y a ser ayudados, a servir, a agradecer, a saber que Dios pudo tan sólo habernos salvado, pero fue tan bueno que nos adoptó como Sus hijos y nos hizo parte de una familia. Estoy agradecida por mis hermanos que han estado al pendiente de mí y por toda la gente que de un modo u otro ha puesto algo de su parte para que hoy yo pueda estar bien, recuperándome, mejorando cada día y escribiendo acerca de lo que Dios ha hecho no sólo en mi cuerpo, sino en mi mente en mi corazón.

Dios es Dios y yo no, Dios es Dios y es inmensamente bueno, Dios es Dios y sólo Él merece toda mi gratitud, toda la gloria, toda la honra, todo el honor, toda mi vida rendida a Sus pies.

Posted in El hogar que está en mi corazón | 1 Comment

Paternidad ¿responsable?

Esta generación de padres está en crisis, se les ha olvidado cómo ejercer, o ni siquiera se han dado el tiempo de aprender. Porque sí, a ser padre también se aprende y ese aprendizaje requiere toda la vida. Buscan fórmulas, recetas, estrategias y adormecen su instinto, su amor… parece que han olvidado que aman a sus hijos, que son frágiles y valiosos, y que nada se compara a abrazarlos, a escucharlos, a verlos a los ojos… sin importar si están en Maternal o a punto de terminar la Secundaria.

A los padres se les ha olvidado que sus hijos son personas, que son eternos, que son tesoros y los han convertido en proyectos, en planes que pueden delegar, de los cuales pueden desentenderse una vez que los dejan en el colegio. Creen que pueden sacarlos adelante haciendo un presupuesto en Excel, y haciendo que otros intervengan en su educación: los abuelos, la muchacha, la maestra, todos los que se puedan, menos ellos mismos.

Quieren invertir poco tiempo, pues es más fácil comprar juguetes, video juegos, dispositivos electrónicos, encerrarse en un cine o mandarlos a un campamento durante todo el verano.

Han tergiversado sus prioridades y ahora les resulta más importante destacar en sus trabajos, sobresalir, tener éxito y alcanzar los más altos puestos, los mejores sueldos… ¿a precio de qué? De sus familias, del tiempo que pueden estar con su cónyuge y con sus hijos.

Parece que nadie les dijo de qué se trata la paternidad y ellos nunca se lo preguntaron. Nadie les dijo que se trata de renunciar a uno mismo, y dejar de lado un montón de cosas, que hay que entregarse y que no basta con suplir lo económico y lo físico, sino que se trata de amar, de guiar, de establecer límites; de desvelarte, de enseñar, de inculcar valores, de acompañar el crecimiento, de fomentar virtudes y de ser ejemplo.

Nadie les dijo que es un trabajo arduo, que es un trabajo al que no se puede renunciar y que no se puede delegar. Que es un trabajo serio, no un pasatiempo. Que no es un trabajo desechable, y que con lo que están trabajando son vidas, vidas valiosas, vidas únicas, vidas irrepetibles, vidas que sólo se viven una vez… Un trabajo en el que no se pueden borrar las equivocaciones, en que no puedes hacer después lo que no se hizo hoy, en que las palabras que ya se dijeron, no pueden silenciarse; en que no pueden recuperarse todos los momentos en que se ignoró a los hijos. Es hoy, es ahora, es todo o nada, no es a medias… ¡no se puede llevar una paternidad mediocre!

La familia no es intercambiable, ni desechable… se tiene que invertir en ella, requiere esfuerzo y trabajo diario, tener una familia feliz, un matrimonio feliz, no es instantáneo ni mágico. Pero se han acostumbrado a que las cosas sean así: de inmediato. Hay que cuidar lo que se tiene, alimentarlo, procurarlo, mantenerte fiel a ciertos principios, hacer un esfuerzo consciente y sincero de estar presente, de mantener abierta la comunicación, de sacrificar ciertas cosas y hacer a un lado el egoísmo.

Se les hace tan fácil separarse, divorciarse, emprender juicios, demandarse… ¿y sus hijos? Con tal de que ellos estén bien, lo de menos son los hijos; con tal de lastimar al otro, de conseguir venganza y de hacerle pagar todo lo que hizo, lo que menos importa es cómo se sienten los hijos en medio de toda esa situación. No les importa poner a sus hijos en disyuntivas, en contra de su propio padre o madre, poniéndolos a decidir lo que no tienen la madurez ni la responsabilidad de afrontar: con papá o con mamá.

Y entonces hay niños solos, niños abandonados, niños tristes y deprimidos, niños sin valores, niños preocupados que no pueden ni quieren aprender lo que se enseña en la escuela porque están mucho más angustiados por lo que está sucediendo en su familia, porque están siendo testigos de cómo se desmorona su hogar.

Y los padres buscan pretextos y excusas para explicar su situación, que mejor estar separados que pelearse todo el tiempo, que ya era insoportable, que todos sufrían… tal vez sí, tal vez no, cada caso es diferente… pero si ya llegaron a eso, por lo menos tengan el valor y la responsabilidad de cuidar a sus hijos, de no involucrarlos en peleas, no hablen mal el uno del otro… finalmente, aunque hayan decidido dejar de ser cónyuges, jamás podrán dejar de ser padres. Vean realmente por el bienestar de sus hijos, no en cómo pueden hacerle para que el otro sufra y le vaya mal.

Si están en medio de una situación difícil, si las cosas ya no se pueden solucionar, si de verdad creen que ya no hay vuelta atrás, no conviertan a sus hijos en rehenes. Piensen en que ellos son lo más valioso y hermoso que tienen, que ellos confían en ustedes, y que los necesitan más que nunca, que necesitan sentirse seguros de su amor, creen un ambiente donde ellos sepan que están protegidos y atendidos.

Y si  están casados, sean amables, sean generosos, sean pacientes, sean compasivos con aquellos que tienen más cerca: su cónyuge y sus hijos. Cuiden lo que tienen, no lo den por hecho. Inviertan en su familia, dediquen tiempo para protegerla. Denle prioridad a la comunicación, aclaren los malentendidos, estén dispuestos a perdonar siempre, recuerden a cada instante porqué decidieron formar una familia. Mírense a los ojos, busquen nuevas maneras de expresar su amor, pónganse de acuerdo y lleguen a acuerdos; trabajen y esfuércense cada día por seguir adelante, por caminar juntos.

Sean ejemplo para sus hijos, estén atentos a sus necesidades físicas y emocionales, establezcan límites, denle a los valores la importancia que tienen, sean creativos, escúchenlos, aconséjenlos, corríjanlos. Ejerzan su paternidad con responsabilidad y compromiso y no olviden que también se vale divertirse, carcajearse, jugar… pero sobre todo, ejerzan su paternidad con todo el amor del que son capaces, con ese amor que sintieron cuando se enteraron de que estaban esperando un bebé, con ese amor que hizo desbordar su corazón cuando lo tuvieron por primera vez entre sus brazos… ser padre es intenso, es agotador, es confuso, muchas veces van a querer tirar la toalla, salir huyendo… pero también es la tarea más hermosa y satisfactoria sobre la faz de la Tierra… ¡y definitivamente vale todo el esfuerzo, toda la entrega y todo el amor!

Posted in El hogar que está en mi corazón | Leave a comment

Una historia fuera de tiempo

Estoy segura de que conocer la Palabra de Dios desde niña, me libró de muchísimas situaciones negativas que quizá ni siquiera imagino… siempre fui una buena niña, aplicada y bien portada… y no estuvo mal. Sin embargo, conocer la Palabra de Dios desde niña tiene otro lado que es el que sí viví: me acostumbré, creí que ya me sabía todo, creía que creía y decir que yo no tenía una religión sino una relación con Dios era mi religión. Claro, con sus subidas y sus bajadas, mis encontronazos con Dios… no digo que todo el tiempo fingí… sin embargo, de un par de años para acá Dios me ha permitido reencontrarme con Él de una hermosa manera y me ha dado unos ojos nuevos para leer la Biblia… me ha dado el privilegio de ver Su Palabra desde una nueva perspectiva, leyéndola no como un montón de historias aisladas, sino entretejidas con el hilo de la Redención, apuntando hacia Cristo… ¡y he podido acercarme a mi Padre aun más y entender que el plan de Dios era desde antes de los tiempos!

Como escribí hace unos días: Cuando entendí que no TENÍA que leer la Biblia, fue cuando disfruté leer la Biblia. Cuando entendí que no se trataba de mí y de mi fuerza de voluntad; sino de la misericordia de Dios para entablar una relación conmigo aunque soy pecadora. No es una obligación, es un privilegio… el privilegio de buscarlo diariamente y conversar con el Dios Todopoderoso… ¿cómo despreciar esa oportunidad?

Pues bueno, una de esas historias que he leído muchas, muchísimas veces, es la anunciación del nacimiento de Jesús… es más, no sólo la he leído, incluso la escuché muchas veces en la escuela, la recé en la escuela todos los días al medio día y seguro todos los años, alrededor de la Navidad, la oí, la leí o la vi en una película.

La leí nuevamente esta semana y me di cuenta de cosas que jamás había notado.

leerAl igual que todo su pueblo, María tenía esperanza en la promesa de un Mesías que rescataría a su nación y de pronto, el ángel Gabriel le anuncia que ahora ella tenía esa esperanza cumplida, albergando en su vientre. ¡Qué manera más radical de confirmar que el Dios en el que ella creía era un Dios real que cumple sus promesas! Y ahora yo puedo tener esa esperanza, y confiar en Sus promesas, porque Dios habita entre nosotros.

María demostró la duda humana que tan naturalmente viene a nuestras mentes y nos hace desconfiar de las promesas de Dios: “¿y esto cómo sucederá si…?” Y buscamos en nuestras habilidades y posibilidades la respuesta. ¡Pero no se trata de mí, ni de mi capacidad! Se trata de lo que Dios puede hacer y de lo que hizo: hacer posible lo imposible, dar a luz la esperanza y la salvación de este mundo perdido, la Verdad recostada en un pesebre, el poder del Altísimo y el Espíritu Santo habitando hoy entre nosotros.

También veo que la virginidad de María era su identidad, lo que le aseguraba una vida buena, tranquila y estable. Desde esa identidad fue que escuchó lo que Gabriel le anunció y por eso le preguntó: “¿cómo puede ser eso, si soy virgen?” Y entonces comprendió lo que sucedería después: su Hijo sería grande, pero ella ya no; ella entregó su reputación para que el propósito de Dios fuera cumplido.

¿Soy yo capaz de entregar mi identidad para que Dios sea glorificado? Y no significa que Dios me nulifique, sino que Él me despoja de mi identidad terrenal para poder darme una nueva identidad, hacerme una nueva criatura, no la mejor versión de mí misma, sino una versión totalmente nueva, mi identidad celestial. La identidad de María cambió de virgen a madre del Salvador, y aunque el mundo la juzgó, la avergonzó, la devaluó y la criticó, eso no cambió lo que Dios dijo y seguía diciendo de ella: muy favorecida…

Y yo también soy muy favorecida, pues he sido bendecida con toda bendición espiritual… pero a veces no quiero eso, sino aferrarme a mi identidad terrenal: buena esposa, buena madre, qué linda casa, qué rico cocinas, qué bien escribes, perfeccionista, intransigente, ordenada, responsable, egoísta… poco importa si son cualidades o defectos, virtudes o pecados… ¿cuál es mi identidad? ¿cuál es mi reputación? ¿soy capaz de entregarla para ser realmente quien Dios quiere que sea?

María entendió que Dios estaba cumpliendo Su propósito a través de ella y su temor y confusión se convirtieron en alabanza:

¡Le doy gracias a Dios
con todo mi corazón,
 y estoy alegre
porque él es mi Salvador!

 Dios tiene especial cuidado de mí,
que soy su humilde esclava.

Desde ahora todos me dirán:
“¡María, Dios te ha bendecido!”

El Dios todopoderoso ha hecho
grandes cosas conmigo.
¡Su nombre es santo!

Él nunca deja de amar
a todos los que lo adoran.

Le pido a Dios que esa sea mi oración y mi canto, y que cada día Su gracia y misericordia, me ayuden a descubrir Su Palabra, pero sobre todo, a vivirla…

Posted in El hogar que está en mi corazón | Leave a comment

Para ti…

Mi amada Regi, mi preciosa, mi hermosa:

Mi corazón se desborda de alegría cuando veo hasta dónde Dios te ha traído; no puedo más que agradecerle por ser testigo en primera fila de las maravillas que Él ha hecho en tu vida.

Desde que fuiste concebida, Dios fue bueno conmigo y concedió mi anhelo de que fueras una niña… aunque en ese momento no alcancé a comprender todo lo que vendría encerrado en ese anhelo, pues a través de ti, he sido mágicamente bendecida; contigo en nuestra familia nunca ha faltado polvo de hada espolvoreado en los lugares más oscuros, notas musicales inundando los silencios más profundos y un montón de risas rompiendo la monotonía.

Ha sido hermoso verte crecer y verte brillar, verte descubrir todo aquello que eres capaz de hacer. Verte aprender, verte disfrutar, ver tu creatividad impregnando los rincones más simples y aburridos.

Me encanta ver cómo vas dejando atrás a la niña y comprobar día a día que eres una mujer que sabe lo que quiere y que va dando pasos por el camino que te está llevando a cumplir tus sueños.

Disfruto mucho los momentos que pasamos juntas, ya sea platicando, cantando, bailando, cocinando, viendo Netflix o simplemente acompañándonos en nuestras soledades, haciendo cada una lo suyo, pero sabiendo que la otra está ahí. Me cautiva nuestra armonía, nuestra amistad y nuestra complicidad.

Que cumplas 15 años coincide con una nueva etapa en tu vida que lleva consigo muchos retos, pero no dudo ni un momento que tienes todo lo necesario para enfrentarlo y para resplandecer en medio de cualquier situación.

Deseo que cada experiencia que vivas te acerque más a Dios, que nunca dudes de Su amor y que descubras todas las sorpresas que Él tiene para ti.

Anhelo que nunca dejes de aprender y de crecer, que lleves tu luz a todos los rincones que puedas y que tu sonrisa y tu mirada bendigan a mucha gente.

Que sepas bien quién eres y cuánto vales, que guardes tu corazón y tus pensamientos en Dios; que siempre estés dispuesta a ayudar a los demás y que encuentres felicidad y plenitud en los detalles más sencillos de la cotidianeidad.

Deseo que en todas las facetas de tu vida, llegues tan alto y tan lejos como quieras y que estés segura de que en el lugar en el que estés, eres feliz y estás cumpliendo con el diseño y el propósito con los que fuiste creada.

Y nunca dudes que este es tu hogar, tu familia, el lugar donde te amamos incondicionalmente, donde siempre encontrarás abrazos, besos, palabras de ánimo y una taza de té caliente (con la bolsita adentro y un chorrito de leche).

Quiero seguir creciendo contigo y descubrir todo lo bello que viene por delante, quiero reír contigo, llorar contigo, aprender contigo y disfrutar del inmenso privilegio que es escuchar tu voz cantando, riendo y diciéndome “mami”.

¡Feliz cumpleaños mi Regi, eres –simplemente- espectacular! Y yo, te amo infinitamente.

Posted in El hogar que está en mi corazón, La mamá en este hogar | Leave a comment

¡¡¡Sooorpreeesaaaa!!!

Los que me conocen saben cuánto amo lo cotidiano,las actividades ordinarias del día a día, que a mi parecer, son las que nos forman, las que nos forjan, las que nos acercan más a Dios y en consecuencia, nos van haciendo -a veces de a poquito- más como Cristo.

A veces esa vida cotidiana se tiñe de dificultades, de circunstancias que no estaban en el plan, situaciones que nos agotan emocional y mentalmente. Hay incertidumbre y miedo, enojo, tristeza, cansancio, agobio. Pero también las adversidades de la vida revelan a Jesús de una manera en que nunca antes lo habíamos visto.

Y otras veces, lo cotidiano de la vida se rompe con un estallido de alegría y amor, que nos llena todos los huequitos del alma y nos hace sentir valiosos, bendecidos, plenamente queridos e infinitamente agradecidos.

Gracias Anna, por entender, por permitir, por compartir con nosotros y porque en estos días nos dejas disfrutar a quien tanto extrañamos. ¡Me hubiera encantado que estuvieras aquí!

Gracias Zaine, por no publicar nada en Facebook, aunque sé que te encanta y así ser cómplice de la sorpresa.

Gracias Iris y gracias Ollita por guardar el secreto.

Gracias Alex por ser el cómplice perfecto, porque una vez más, pude ver que eres leal y que tu amor se demuestra de maneras sencillas que van directo al corazón.

Gracias Fabi por prestarnos tu casa, por la valentía de recibir a un montón de adolescentes, por romper la rutina con tus chiquitos, por tu corazón de servicio y disposición, y por esas pláticas exprés que me regalas y que me recuerdan que eres muy especial para mí y que te amo un montón.

Gracias a los amigos de Regi por estar y a sus papás por confiar.

Gracias a Old Division por rockear con nosotros.

¡Y gracias, infinitas gracias a Claudio y a Gian por ser los tíos más espectaculares que pueden existir! Ustedes saben que una de las cosas que más llenan el corazón de un padre, es que otras personas amen a sus hijos… y las palabras no me alcanzan para agradecer todo el amor que tienen por Regi. Gracias por ser cómplices en esta increíble sorpresa, por planearlo a la distancia, por hacer algo tan especial y tan inolvidable.

¡Gracias por darnos un momento extraordinario y por llenar mi corazón de alegría y gratitud!

Posted in El hogar que está en mi corazón | Leave a comment