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Hace unos días recordaba por qué y cómo inicié mi blog hace un montón de años. No es éste, el primero decidí borrarlo. En ese entonces escribía diario, a veces hasta dos veces al día.
Ahora no tengo el tiempo, y más que nada, no tengo el interés… si lo tuviera, seguro encontraría el tiempo. Sin embargo, hay ocasiones en que sí me gusta escribir y uno de esos momentos es cuando cumplo años.

Escribí una reflexión rápida en Instagram y hasta hoy puedo sentarme a profundizar un poquito más.

Las redes sociales nos recuerdan y nos permiten felicitar y ser felicitados el día de nuestros cumpleaños. Recibí muchos buenos deseos y hermosas palabras. Y me quedo con algunas frases: “… que sigan las alegrías y los aprendizajes.”, “… sigue usando todos los talentos que Dios te ha dado…”, “Un año más que Dios te da para que sigas creciendo en Él…”, “Dios siga llevando tus pasos directo a su perfecta voluntad”, “…un año más de vida que Dios te concede para seguirle sirviendo y ser la persona, la mujer, la esposa y la madre que Él quiere que seas.”, “… que la vida de Cristo crezca en ti y que Su carácter siga siendo conformado en ti.”44

Estos deseos me gustan porque son genuinos, porque a través de ellos veo la realidad de la vida: aprendizaje, crecimiento, servicio, ser conformada al carácter de Cristo y no amoldada a este mundo… y todo eso requiere esfuerzo, sí, pero más que nada requiere gracia divina y fe. Requiere también pasar por diversas pruebas que no tienen nada que ver con aquello de que Dios conceda todos los deseos de tu corazón (gracias a Dios que no ha concedido todos los deseos de mi corazón, porque mi corazón es engañoso y perverso) y porque -como dice Aixa de López: “empecé a conocer quién es Él a través de las peticiones que no me concedía tanto como de las que sí […] Este camino por el que me lleva me está dejando claro que todo es por Él y para Él, y que no puedo poner mi esperanza en lo que, de cualquier modo, voy a perder; aun si es lindo y bueno…”-

Y eso he aprendido en los último años: las dificultades son parte del plan de Dios, el dolor y las lágrimas son parte de Su soberanía y la incertidumbre también es parte de Su providencia. Mi ciudadanía no está aquí en la Tierra, donde todo es efímero y temporal; lo verdaderamente valioso, aquello que no puede perecer, echarse a perder o marchitarse, está del otro lado de la eternidad, donde Cristo está preparando un hogar para mí. Jamás podré tener plenitud en este mundo, y aun así, Dios es tan bueno, que derrama bendiciones innumerables en mi vida, en mi persona, en mi familia y me permite decir que soy indescriptiblemente feliz.

Cada año que vivo de este lado de la eternidad, es uno menos para estar para siempre con Él. Y de este lado quiero vivir plenamente, abundantemente, felizmente, confiando en Sus promesas, segura de que Él terminará la obra que comenzó; quiero -cada día- vivir mirando a Jesús.

About Karen

Siempre lo soñé y llegado el momento, Dios hizo realidad mi sueño. Tener un hogar, formar una familia y en medio de lo cotidiano: las risas, las lágrimas, los sabores y los sinsabores, aprender los detalles de Su palabra y servirle. Ama de casa empedernida, esposa amada y amante, madre orgullosa y feliz. Me encanta la repostería, soy lectora voraz y escribir es mi catarsis.
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